LA PÓCIMA DEL CULEBRERO
O el fanatismo religioso
Por: Rubén Rivas
Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso.
Denis Diderot
Hace ya muchos años se vivió en San Cristóbal la crisis de agua más grave del que se hubiera tenido noticias en una centuria. Producto de ella, se dio espontáneamente un ejercicio democrático que pudo haber sido la máxima envidia de muchos países del globo. Todo el mundo, ricos y pobres, analfabetas y letrados, el recogedor de basura o el más encumbrado y ridículo burgués, todos, repito, cada uno, con sus tobos o tobitas, cubas, latones, bidones de todos los colores y pimpinas de todo los diseños, se incorporaban a las colas en estricto orden de llegada y sin protestar – Chávez no existía - . Se esperaban largas horas hasta la llegada del camión cisterna de agua. Todo se hacía con una resignación más intensa que la del Santo Job. Todos recibíamos nuestra abundante ración del vital líquido. Estas colas democráticas e interminables solo eran equiparables a las que se hacen para elegir al propio Presidente de la República.
El cuento es el siguiente: Mi hija Claudia me llamó para informarme que en su casa en el centro de la ciudad, tenían suficiente agua como para compartirla. Acudí presuroso a llenar cuatro baldes, los que coloqué en la maletera de mi viejo vehículo. Podrán imaginarse las maniobras de equilibrista al volante para garantizar llegar a mi apartamento al menos, con cuatro medios baldes. Sufrí como un penitente cada frenada, pero nada, tenía que cumplir con la tarea encomendada. Llegando a una esquina de la carrera 12 con calle 16, la de la familia Ostos, me encontré con una experiencia extraordinaria: Al instante, me trasladé al siglo XII o XIII con una escena que solo el genial José Saramago nos cuenta en su obra de teatro “In nomini Dei”. Se trataba de una “Procesión de Rogativas” , de aquellas que en cualquier rincón de la Europa cristiana se celebraban durante la Edad Media. La imploración por agua era el argumento. La feligresía pedía a los cuatro vientos y al millar de santos y vírgenes del más allá se apiadara de San Cristóbal. A decir verdad, no sabía si se trataba de un Auto Sacramental (Primeras obras teatrales eclesiásticas eucarísticas –esta palabra nunca supe qué diablos significa – de los siglos XVI y XVII) o una auténtica procesión, de esas que de niño presencié en un bucólico pueblito de Mérida llamado “La Mesa de los Indios”. Esta procesión con feligreses, todos ellos con cirio en mano y cánticos piadosos recorría las calles céntricas de San Cristóbal implorando a los cielos hacer el milagro de las lluvias. De manera respetuosa esperé el paso de esta peregrinación y cuando percibí un amplio espacio entre la cofradía mayor y los feligreses rezagados, decidí dar continuación a mi viaje con mis potes de agua, ignorando que - y aquí confieso mi pecado de errar en el cálculo espacial (siempre fui malo en cálculos pitagóricos): la velocidad muy lenta a la que estaba obligado por designios del agua y de mi propia procesión, me convertirían en obstáculo para los últimos peregrinos. Para agravar los hechos, los nervios o el castigo divino hizo detenerme en medio de la vía… se me había apagado mi cacharrita (por eso fue llamada en adelante: “La irreverente”). ¡Más vale que no! Aquellos benignos seres rezagados se transformaron en cuestión de segundos en una caterva de exaltados que tal cual la Edad Media, poco faltó para que dieran resurrección al Santo Oficio y que actuase in situ. Era inminente el linchamiento del hereje. Por fortuna, los golpes, puntapiés y puños al carrito no le hicieron mayor afectación porque las arrugas eran ya parte de su naturaleza. Otros ciudadanos que observaban el desatino corrieron en mi auxilio y felizmente todo se aclaró.
Unos años más tarde, ya en pleno paro petrolero. Un grupo de profesores de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, decidió constituirse en defensa del derecho al estudio y rechazo al intento de cierre de nuestra Alma Mater por parte de las autoridades del momento comprometidas con la conjura de la oposición. El grupo de luchadores aún existe con el nombre de Movimiento Constitucionalista Universitario MCU, ahora incorporado a las luchas del Frente Universitario Socialista FUS, que aglutina a representantes revolucionarios de las universidades regionales.
Pues bien, una mañana de acalorada asamblea nos hallábamos en pleno debate, discutiendo estrategias, planes y tareas revolucionarias, cuando de repente escuchamos unos cantos religiosos que poco a poco se acercan. Decían algo así como: AVE, AVE, AVEMARIA…¡No puede ser!... ¡¡¿Otra vez?!!... ¿Otra procesión?! Efectivamente, el cura de la capilla –ahora parroquia de la UNET- también comprometido con las sombras de la universidad decidió realizar una jugada maestra –para sus entrañas –, invocar esta vez al Corazón de Jesús, La Virgen Inmaculada y el Santo Niño de Atocha, y celebrar con sus imágenes una peregrinación de carácter exorcista, para que se diera el milagro de la salida de nuestro comandante Hugo Chávez del poder. ¡No lo podíamos creer! ¡Esta Universidad, cual pócima de culebrero, da para todo! Efectivamente, la asamblea en un silencio estoico vio el lento transitar de esta procesión con sus inefables velas y velones hasta desaparecer con sus interminables letanías. Para fortuna de todos los que fuimos testigos de aquél acto inverosímil, el episodio de exorcismo no funcionó en nosotros y por suerte para todo el resto de venezolanos, el cura no logró su pretendido milagro.
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