domingo, 14 de junio de 2020

MUSICA Y PODER


MÚSICA Y PODER
Rubén Rivas

La música es una de las artes que posee en sí misma un alto poder evocativo y además una inmensa capacidad de generar las reacciones conductuales más disimiles. De ello se percataron a través de la historia los poderes que han ido rigiendo los destinos de la humanidad: el Teúrgico mágico, el Eclesiástico, el Político y el actual poder de la Industria Cultural.
Las primeras reacciones frente al fenómeno sonoro  la tuvieron  los seres humanos desde la prehistoria. El sonido de un trueno o el  de la brisa terminó siendo interpretados por un guía o piache. Este antecesor al concepto de líder, en su demostración de supremacía, estuvo siempre acompañado de algún elemento musical, bien sea una maraca, un sonajero, tambor o simplemente palmoteos, y así comienza esta historia que relata la relación poder- música o, música – poder.


Gracias a la Antropología, hoy sabemos que  las primeras civilizaciones de Mesopotamia y  Egipto eran regidas por un soberano. Sus poderes se cimentaban en ceremoniales con sacerdotes, militares, altos dignatarios y pueblo llano. La música contribuía a fortalecer su condición de ser supremo con poderes extraordinarios en lo político, religioso y militar.
La Biblia describe la orquesta de Nabucodonosor II (Daniel, 3), y según ella trompetas o trompas, flautas u oboes dobles, liras y arpas sonaban en forma individual al principio y luego conjuntamente, por lo que conocían la técnica concertante. [1]


Tal era el poder inmanente de la música que los griegos decidieron darle un carácter divino.  Apolo, fue el primero en ser asignado como Dios de la música. La lira y la  flauta serán creación de otros dioses: Hermes y Pan. Una simbiosis de poder excepcional nació entonces entre  instrumento y ejecutante, lo que les permitió  mover piedras y plantas,  apaciguar animales y monstruos, o conmover a otros dioses y humanos. Este fue el caso de Orfeo, quien con su canto y lira provoca lágrimas en Hades y Persefone, dioses de los infiernos,  y así conseguir el rescate de su amada esposa Euridice.

En la Roma imperial, la música también se hace importante, en este caso en un momento trágico.  Narra la Historia que en el año 64, el extravagante Nerón  decidió incendiar la capital del imperio. Quedó en la leyenda que mientras observaba aquella hecatombe cantaba  acompañándose de su lira.[2]

Con la llegada la Edad Media, el poder ya no será de dioses ni emperadores; éste pasará a manos de la Iglesia. Desde el siglo III hasta el XVI esta institución ejercerá un control absoluto sobre la vida y destino de los hombres. La Iglesia encontró en la arquitectura y la pintura aliados fundamentales en la consolidación de sus dogmas; a su divulgación se sumará la música. El papa Gregorio Magno (540-604), ordenó en el año 600 la recolección de los cantos cristianos dispersos en todos los territorios hasta donde alcanzaba su influencia.  Con ellos creó un  Antifonario con Salmos e Himnos que en adelante llevará su nombre: Cantos Gregorianos.

Vinieron nuevas luchas de poder. Una de las más significativas la referida a la Primera Cruzada que en el año 1207 inició el papa Inocencio III. Los herejes del sur de Francia practicaban otra forma de cristianismo llamado catarismo; además de contradecir órdenes doctrinales,  cometían el pecado de cantarle a la Diosa madre, a  la mujer y al amor terrenal. [3]  Se calcula en 30.000 personas asesinadas que cantaban diferente. Es decir, el poder no toleraba otros cantos que no fueran los suyos.
Durante el Renacimiento y con los avances de la ciencia, el poder de la iglesia se resquebraja.   Buena parte de su potestad política pasará a la naciente burguesía que sustentaba su poder  en el comercio y en la naciente banca moderna. La presencia de la música como el resto de las artes se hizo indispensable en la reputación de los nuevos usufructuarios del poder. Reyes, iglesia, nobles y burguesía se disputaban su prestigio político y social rodeándose de artistas y hombres de ciencia del calibre de Leonardo, Galilei o Dufay . Los Médici en Florencia, la familia D'Este en Ferrara, los Sforza en Milán o los Gonzaga en Mantua, son muestra de un nuevo mecenazgo. [4]

Desde aquellos tiempos hasta el día de hoy, no habrá actos de coronación o toma de poder político o eclesiástico que no vaya acompañado del sonido conmovedor y convincente de la música. Mozart sea quizás el primero en revelarse abiertamente ante su mecenas el  obispo Colloredo. No soportaba que se le tratase como sirviente. Beethoven hizo  lo propio convirtiéndose en el “primer músico libre” de la Historia.

Llegado el siglo XX, surge un nuevo poder, el que la Escuela de Frankfurt denominó Industria Cultural.  El cine la radio y la TV se hacen hegemónicos. Con ellos toman fuerza las galerías de arte, casas de subasta  y concursos, el marchand d’art , el manager, los agentes literarios, las copias de obras de arte, la multiplicación de los discos, los shows de talento,  la era digital y la cultura de lo virtual.

Herber Marcuse  y Theodor Adorno,  de la Escuela de Frankfurt advierten de  una humanidad controlada por un poder altamente ideologizante y éste será el cuarto poder que influirá y controlará directamente en la conducta y gustos estéticos de la mass media.[5]
Estas premoniciones que parecen cumplirse una a una, las encontramos en la literatura con obras como 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, con el uso asombroso y despreciable de la música como instrumento de tortura. En La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick se puede vivir una terrible escena de tortura empleando para ello música de Beethoven y no es exagerado decir que lo que allí se ve como ciencia ficción, se ha venido aplicando para combatir enemigos y sustentar poderes.

No estamos al tanto de cuantas metamorfosis se están produciendo a lo interno de esta macro industria pero lo que sí es seguro es que la música, generadora de tantas emociones y nacida de tantos y tantos sentimientos nobles, continuará poseyendo un maravilloso poder intangible que se hace libre cuando convertida en arte puro se aleja de lo prosaico del mercado.
Lo que es cierto es que a través de la historia, los artistas han convivido con estos poderes y sus obras han sido, o bien el sustento de la ideología del poder o la expresión de rebeldía frente a ella. De todas maneras, en uno u otro caso han surgido las más asombrosas obras de arte que la humanidad ha disfrutado por siglos.


[1]  Mendoza, Dr Adalberto García de (2 de enero de 2015). «XXVIII». Enciclopedia musical. Palibrio. ISBN 9781463396497
[2] Melcior, Carlos José: Diccionario enciclopédico de música. 1859
[3] Dalmau, Antoni (2006). El testamento del último cátaro, Capítulo cronología del Catarismo. Ediciones Temas de hoy. ISBN 84-8460-503-5.

[5] “El espectador no debe trabajar con su propia cabeza: toda conexión lógica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada”. Hebert Marcuse

miércoles, 1 de abril de 2020


SOÑAR UNA NUEVA HUMANIDAD
Rubén Rivas

He visto con detenimiento un video que está circulando por las redes. En él se muestra cómo una ciencia impotente se doblega ante el poder de la Iglesia y un ser superior, buscando con ello reafirmar - en momentos de pandemia - la fe de los creyentes, al mismo tiempo que cautivar a los indecisos en materia teológica.
Lo primero que habría que decir es que un buen librepensador entiende perfectamente  que sería un gravísimo error tratar de convencer de lo contrario a quienes, basados en una fe, tienen la firme creencia en la existencia de seres superiores. Una fe de esta naturaleza puede significar desde un consuelo y refugio frente a lo desconocido hasta una forma virtuosa de vivir, como también puede activar las fibras más sensibles del Ser en búsqueda de aquello que llamamos esperanza y que la Teología de la Liberación la definió como “una fe entendida de partida como praxis de liberación” [1]


Ahora bien, el mundo lo habitan creyentes, no creyentes e indecisos. Está probado que ha sido esta pluralidad de pensamientos la que ha hecho avanzar a la humanidad, y que precisamente esa diversidad compleja ha enriquecido por siglos a las ciencias y a las artes. Heráclito lo dijo abriendo las puertas a la dialéctica: “…de las cosas que difieren entre si se engendra la armonía más bella y todas las cosas nacen en la lucha.” [2]  Es decir: el desarrollo vendría a ser el resultado de la contienda entre contrarios, como es el caso de los cuarks, fundamentos de esta vida loca, que conviven entre ellos hasta formar la materia nuclear.[3]
A mi manera de ver, los desencuentros y las guerras han sido la consecuencia de querer imponerle al mundo un pensamiento único, castigando, discriminando o masacrando a quienes no acepten tal decisión. En la Grecia antigua ya se vivía esa intolerancia: “Heráclito velaba intencionadamente las ideas que podrían acarrearle una acusación de ateísmo.” [4] En ello, las religiones tienen largos y gruesos antecedentes: la Santa Inquisición, las cruzadas, la eliminación de los Cátaros. Otras religiones están igualmente implicadas en estos desaciertos y ello se puede observar en las actuales confrontaciones entre evangelistas del Norte, judíos e Islamistas. Unos, tratando de imponer sus credos y sistemas económicos y los otros defendiendo sus dogmas arcaicos en medio de terribles mortandades. Para lograr tales empeños de conquista, los blancos fundamentalistas acuden a justificaciones teológicas como aquello del “Pueblo escogido de Dios” o del “Destino manifiesto”, lo que les permite activar su “plan universal de salvación”. Es decir, los poderes económicos y políticos que hoy dominan al mundo, sustentado sus atrocidades en los pensamientos mágico-religiosos más arcaicos.
Ya en el siglo XVIII Baruch Espinoza nos ilustra sobre el tema y dice: "…el gran secreto del régimen monárquico, su interés profundo, consiste en engañar a los hombres disfrazando con el nombre de religión el temor con el que se les quiere meter en cintura…” Como si fuera poco, apenas transcurridos 20 años de nuestro siglo, la humanidad es invadida por la pandemia del coronavirus al que agoreros de oficio le atribuyen la categoría de “castigo divino”.

En tal contexto - y ahora vuelvo a lo del video -  es normal que incluso hombres de ciencia o ateos viscerales se quiebren. La impotencia de no poder dar solución a la tragedia les conduce a un dogma de fe que todos los humanos guardamos en el subconsciente; la creencia en el poder de seres sobrenaturales. Todo obedece a una reacción instintiva de sobrevivencia y temor a la muerte, de allí que desde los egipcios se haya inventado lo de la resurrección. La Naturaleza nos enseña que tal entelequia no existe. Nunca se ha visto que una planta, animal o humano retorne a la vida luego de fenecido, excepto en mitos y leyendas. De la misma forma está probado que tales temores existen desde tiempos prehistóricos solo que a partir de la aparición de los preceptos religiosos, desde concilios medievales, los miedos fueron sembrados como un medio de amenaza y control de las masas. Desde los púlpitos de la Edad Media aún resuenan las amenazas del infierno o castigo eterno. ¿Qué dice el catecismo católico? “La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno”.” [5]
No existen razones entonces para asumir que todas las creencias y prácticas de nuestros antepasados, las que han llegado a nosotros como tradiciones y dogmas, sean verdades absolutas e inamovibles. Así por ejemplo, la Iglesia sostuvo por siglos que la tierra era el centro del universo. Cuantos siglos y cuánta sangre tuvo que correr para que aquellos aferrados a una fe incuestionable descubrieran que la ciencia de Copérnico y Galileo les había advertido de su error. Aquella tozudez tuvo sus víctimas; Giordano Bruno, Arnaldo de Brescia y Pedro de Bruys que como muchos otros terminaron en la hoguera y todo por no aceptar la fe impuesta o pensamiento único.

LA EJECUCIÓN DEL INCA

Llegado el siglo XXI, en medio de guerras y pandemias, con el contrastante y vertiginoso desarrollo del mundo de las comunicaciones, pareciera que se abren grandes posibilidades de hacernos constructores de un mundo diferente donde la solidaridad y el respeto por la diversidad de pensamiento, religioso o político, nos arrope a todos por igual, al mismo tiempo que el conocimiento de una ciencia comprometida con la ética y el espacio infinito de las artes, sean los vehículos que nos conduzcan a superar miedos y quiméricas doctrinas hasta hacernos capaces de construir nuestro propio destino.

alcidesrivas@gmail.com



[1] Sergio Silva: La Teología de la Liberación. Facultad de Teología, Pontificia Universidad Católica de Chile. P.99 letra b. https://scielo.conicyt.cl/pdf/tv/v50n1-2/art08.pdf
[2] A. Fernández Galiano: CONCEPTOS DE NATURALEZA Y LEY EN HERACLITO. Facultad de Derecho, Universidad de Madrid, 1954. P.271 file:///C:/Users/Ruben%20Rivas/Desktop/ConceptosDeNaturalezaYLeyEnHeraclito.pdf
[4] A. Fernández Galiano: CONCEPTOS DE NATURALEZA Y LEY EN HERACLITO. Facultad de Derecho, Universidad de Madrid, 1954 P.289.
[5] José Miguel Arráiz: El infierno en la Biblia y los Padres de la Iglesia. Apologética para el mundo. Pag. 5