¿QUO VADIS ATEOS?
Por Rubén Rivas
Parafraseando parcialmente el
título de la novela del polaco Henryk
Sienkiewicz, me he atrevido incursionar en un tema Tabú: El ateísmo y el libre
pensamiento en nuestro tiempo.
No es extraño que por los viejos caminos
de los dioses, encontremos innumerables
seres que en cuanto se topan con alguien que valientemente se identifica como
ateo, se hacen la señal de la cruz como si se hubiesen tropezado con una Boa
constrictor o el espanto de la Llorona. La otra reacción suele ser la de huir
aterrorizados; solo una minoría de ellos activaría el neocórtex, rasgo que
identifica la inteligencia de mamíferos
superiores, e intentarían dialogar con el desconocido.
Desde muy joven me llamó la
atención este asunto del ateísmo y asumo la hipótesis fácilmente verificable de
que tratándose de un pensamiento que va diametralmente opuesto a la tradición y
a los poderes establecidos, cualquier
reacción ante este pensamiento sin dogmas y por siglos oculto, pone a tambalear
los paradigmas que por siglos llevamos a cuestas.
En Wikipedia encontré una buena
definición: “El ateísmo es en un sentido amplio, la no creencia en deidades u
otros seres sobrenaturales. En un sentido más estricto, el ateísmo es la
posición que sostiene la inexistencia de deidades.”
Un buen amigo artista me expresaba su angustia ante la proliferación
de ateos a través de internet y me decía “¿Por qué no respetan nuestra fe
cristiana cuando aquí cabemos todos” y agregó: “¿es que le parece poco las
maravillas del Arte Religioso?” Soy lento en dar respuestas, no obstante, aquí
las resumo: Mi apreciado amigo, coincidimos en que este mundo debiera ser
compartido por todas las corrientes de pensamiento, respetándose todas unas a
otras. Mi punto está en que siempre y a través de los siglos se impuso una de ellas, sometiendo a las
demás por la fuerza, llámense cruzadas, conquistas y/o colonizaciones.
Solo hasta hace poco años, quienes pretendían disentir del status quo fundamentado en el pensamiento cristiano estaban expuestos – y en esa lista me incluyo – a soportar los sarcasmos, afrentas y exclusiones más feroces. Por solo colocar algunos ejemplos, a pocos periódicos provincianos del mundo se le ocurriría jamás publicarle artículos a un ateo, o una televisora transmitir programas sobre la evolución de las especies vista por los ateos, como también era arriesgado (y sigue siéndolo en países no laicos) hablar del tema dentro de una comunidad católica o evangélica, exponiéndose a ser rechazado de por vida ¡Vergonzosa inmolación! En un párrafo del libro “El Apóstata” Gore Vidal nos describe las costumbres previas al cristianismo: “Ninguna religión consideró necesario destruir a otros porque no compartiesen sus mismas creencias…Por ejemplo, los egipcios y sus dioses animales…quienes rinden culto al Toro no tratan de asesinar a quienes lo rinden a la culebra, o convertirlos por la fuerza de la Culebra al Toro.”
En fin, soy de quienes piensan,
tomando la palabra de Heráclito, que los cambios son inevitables. En primer
lugar debemos darle todos los días gracias a ese hermoso monstruo llamado internet
por contribuir eficientemente a abrir las inmensas compuertas de una nueva era.
Tal milagro se da diariamente y a cada instante en la difusión del pensamiento
libre, insubordinado y multicultural (Dudo que sus creadores tuvieran
consciencia de lo que se venía). Internet no castiga, no amenaza ni asusta,
sino simplemente devela, entre otras muchas cosas, que el ateísmo no es ni una boa constrictor ni es el diablo con el
que cantó Florentino, sino un peldaño más
en la evolución de la humanidad. Este valioso medio de comunicación ha
permitido diseminar los fundamentos del nuevo paradigma libertario a velocidades
que van de 1 a 21.04 Mb/s, revelando al mundo de manera instantánea lo que
antes era prohibido, derrumbando los prejuicios y reverencias, abatiendo de la
misma manera los arcanos, ocultamientos, misterios y secretos.
Con respecto al Arte Religioso, no existe forma de desmerecerlo. Ha
sido indudable su contribución al enriquecimiento estético de las naciones
occidentales. Queda claro que en ello se destacaban la arquitectura, la
plástica y la música, en menor grado el
teatro, el cine la danza y la fotografía y en mucha menos cantidad la literatura
como propuesta estética, con excepciones maravillosas como la poesía amorosa de
Sor Juana Inés de la Cruz, o el mismísimo Cantar de los Cantares y eso sí, olvidándonos del “Index Librorum Prohibitorum”.
Ahora bien, imagínese por un momento, querido amigo, cuantas obras asombrosas y
maravillosas hubiesen aportado los artistas librepensadores a través de los
siglos si se les hubiese permitido desarrollar sus creatividades. Solo existía
una posibilidad, servir a la iglesia, de lo contrario, eran execrados, o paso
siguiente, sometidos a la tortura, la
hoguera o cualquier otro método de exterminio, tal cual como sucedía con quienes hacían Ciencia. El siglo de las
luces dio inicio a un importante cambio. Sobre esta historia hablaremos luego.
Si preguntan ¿ATEOS, A DONDE VAIS?, diremos: vamos cual Quijotes a liberar al
universo de misterios, espantos y engaños.




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