SOÑAR UNA NUEVA HUMANIDAD
Rubén Rivas
He visto con detenimiento un video que está circulando por las redes.
En él se muestra cómo una ciencia impotente se doblega ante el poder de la
Iglesia y un ser superior, buscando con ello reafirmar - en momentos de
pandemia - la fe de los creyentes, al mismo tiempo que cautivar a los indecisos
en materia teológica.
Lo primero que habría que decir es que un buen librepensador entiende
perfectamente que sería un gravísimo
error tratar de convencer de lo contrario a quienes, basados en una fe, tienen
la firme creencia en la existencia de seres superiores. Una fe de esta
naturaleza puede significar desde un consuelo y refugio frente a lo desconocido
hasta una forma virtuosa de vivir, como también puede activar las fibras más
sensibles del Ser en búsqueda de aquello que llamamos esperanza y que la
Teología de la Liberación la definió como “una fe entendida de partida como
praxis de liberación” [1]
Ahora bien, el mundo lo habitan creyentes, no creyentes e indecisos.
Está probado que ha sido esta pluralidad de pensamientos la que ha hecho
avanzar a la humanidad, y que precisamente esa diversidad compleja ha
enriquecido por siglos a las ciencias y a las artes. Heráclito lo dijo abriendo
las puertas a la dialéctica: “…de las cosas que difieren entre si se engendra
la armonía más bella y todas las cosas nacen en la lucha.” [2] Es decir: el desarrollo vendría a ser el
resultado de la contienda entre contrarios, como es el caso de los cuarks,
fundamentos de esta vida loca, que conviven entre ellos hasta formar la materia
nuclear.[3]
A mi manera de ver, los desencuentros y las guerras han sido la
consecuencia de querer imponerle al mundo un pensamiento único, castigando,
discriminando o masacrando a quienes no acepten tal decisión. En la Grecia
antigua ya se vivía esa intolerancia: “Heráclito velaba intencionadamente las
ideas que podrían acarrearle una acusación de ateísmo.” [4]
En ello, las religiones tienen largos y gruesos antecedentes: la Santa
Inquisición, las cruzadas, la eliminación de los Cátaros. Otras religiones
están igualmente implicadas en estos desaciertos y ello se puede observar en
las actuales confrontaciones entre evangelistas del Norte, judíos e Islamistas.
Unos, tratando de imponer sus credos y sistemas económicos y los otros
defendiendo sus dogmas arcaicos en medio de terribles mortandades. Para lograr
tales empeños de conquista, los blancos fundamentalistas acuden a
justificaciones teológicas como aquello del “Pueblo escogido de Dios” o del
“Destino manifiesto”, lo que les permite activar su “plan universal de
salvación”. Es decir, los poderes económicos y políticos que hoy dominan al
mundo, sustentado sus atrocidades en los pensamientos mágico-religiosos más
arcaicos.
Ya en el siglo XVIII Baruch Espinoza nos ilustra sobre el tema y dice:
"…el gran secreto del régimen monárquico, su interés profundo, consiste en
engañar a los hombres disfrazando con el nombre de religión el temor con el que
se les quiere meter en cintura…” Como si fuera poco, apenas transcurridos 20
años de nuestro siglo, la humanidad es invadida por la pandemia del coronavirus
al que agoreros de oficio le atribuyen la categoría de “castigo divino”.
En tal contexto - y ahora vuelvo a lo del video - es normal que incluso hombres de ciencia o
ateos viscerales se quiebren. La impotencia de no poder dar solución a la
tragedia les conduce a un dogma de fe que todos los humanos guardamos en el
subconsciente; la creencia en el poder de seres sobrenaturales. Todo obedece a
una reacción instintiva de sobrevivencia y temor a la muerte, de allí que desde
los egipcios se haya inventado lo de la resurrección. La Naturaleza nos enseña
que tal entelequia no existe. Nunca se ha visto que una planta, animal o humano
retorne a la vida luego de fenecido, excepto en mitos y leyendas. De la misma
forma está probado que tales temores existen desde tiempos prehistóricos solo
que a partir de la aparición de los preceptos religiosos, desde concilios
medievales, los miedos fueron sembrados como un medio de amenaza y control de
las masas. Desde los púlpitos de la Edad Media aún resuenan las amenazas del
infierno o castigo eterno. ¿Qué dice el catecismo católico? “La enseñanza de la
Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que
mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente
después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno”.” [5]
No existen razones entonces para asumir que todas las creencias y
prácticas de nuestros antepasados, las que han llegado a nosotros como
tradiciones y dogmas, sean verdades absolutas e inamovibles. Así por ejemplo,
la Iglesia sostuvo por siglos que la tierra era el centro del universo. Cuantos
siglos y cuánta sangre tuvo que correr para que aquellos aferrados a una fe
incuestionable descubrieran que la ciencia de Copérnico y Galileo les había
advertido de su error. Aquella tozudez tuvo sus víctimas; Giordano Bruno, Arnaldo
de Brescia y Pedro de Bruys que como muchos otros terminaron en la hoguera y
todo por no aceptar la fe impuesta o pensamiento único.
LA EJECUCIÓN DEL INCA
Llegado el siglo XXI, en medio de guerras y pandemias, con el
contrastante y vertiginoso desarrollo del mundo de las comunicaciones,
pareciera que se abren grandes posibilidades de hacernos constructores de un
mundo diferente donde la solidaridad y el respeto por la diversidad de
pensamiento, religioso o político, nos arrope a todos por igual, al mismo
tiempo que el conocimiento de una ciencia comprometida con la ética y el
espacio infinito de las artes, sean los vehículos que nos conduzcan a superar
miedos y quiméricas doctrinas hasta hacernos capaces de construir nuestro
propio destino.
alcidesrivas@gmail.com
[1]
Sergio Silva: La Teología de la Liberación. Facultad de Teología, Pontificia
Universidad Católica de Chile. P.99 letra b. https://scielo.conicyt.cl/pdf/tv/v50n1-2/art08.pdf
[2] A.
Fernández Galiano: CONCEPTOS DE NATURALEZA Y LEY EN HERACLITO. Facultad de
Derecho, Universidad de Madrid, 1954. P.271 file:///C:/Users/Ruben%20Rivas/Desktop/ConceptosDeNaturalezaYLeyEnHeraclito.pdf
[4] A.
Fernández Galiano: CONCEPTOS DE NATURALEZA Y LEY EN HERACLITO. Facultad de
Derecho, Universidad de Madrid, 1954 P.289.
[5]
José Miguel Arráiz: El infierno en la Biblia y los Padres de la Iglesia.
Apologética para el mundo. Pag. 5


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